Conocí a Horacio Muratore allá por la década del 90, cuando él caminaba los pasillos del básquet tucumano con un innegable sello de “distinto”, y yo era apenas un jovencito que hacía sus primeras armas en el periodismo. Y lo vi por última vez el año pasado, en algún lugar de Yerba Buena. También recientemente cruzamos mensajes, alguna foto, alguna consulta. Él siempre estaba, era su forma de ser.
En esos más de 30 años, lo entrevisté varias veces. Y siempre me quedaba la sensación de alguien con lógica absoluta: hablaba y actuaba siempre en consonancia. Es más, una vez gocé de una tarde en su casa yerbabuenense, hablamos de todo, me mostró su jardín, sus objetos de colección, sus recuerdos, me presentó a su esposa, me habló de sus hijos y nietos. Y siempre con un tono tranquilo, cadencioso, bien provinciano. Y eso que a esa altura ya era “el” dirigente tucumano, el que más lejos llegó en toda la historia, el que viajaba por el mundo con la naturalidad de un hombre que sabía lo que hacía.
“Sabés qué pasa, que yo sé que muchos querrían hacer lo que yo hago, pero tal vez no entienden cómo hacerlo. Me considero práctico en ese sentido” me dijo alguna vez.
Recuerdo la ceremonia de entrega de premios al deporte de LA GACETA de 2019, la última antes de la pandemia. En un salón del hotel Sheraton repleto, ahí estaba él, siempre firme. Le encantaba estar en esa fiesta, me lo dijo. Esa vez tuve el placer de conducir el acto, junto con Carolina Servetto. Y se me ocurrió que él podría dirigir unas palabras al público, sobre todo a los jóvenes deportistas. Lo llamé, la brillaron los ojos. Lo que siguió fue casi un monólogo, intenso y paternal. Al cierre, no hubo aplausos, sino una ovación. “Gracias Carlos”, me dijo más tarde. “No sabía cómo pedirte que me dieras un ratito para decirles cosas a los chicos para animarlos a seguir la lucha”, me dijo humilde. Y yo no podía creer lo que estaba escuchando.
Horacio se fue, sí, pero va a ser eterno para el deporte tucumano y argentino. Llegó a un lugar destacado, dejó muchísimas cosas. Será respetable y único por siempre.
Quedará pendiente con él una siguiente charla. También un libro de anécdotas y fotos que quería encargarme, y que no fue posible por cuestiones de tiempo de cada uno. Quedará pendiente alguna pregunta más, para tratar de entender cómo hizo para convertirse en un adelantado a la época para la dirigencia tucumana.
Chau Horacio. Quiero que sepas que, sin que te lo hayas propuesto, me dejaste enseñanzas. Ser probo siempre, tranquilo y mesurado en las difíciles, respetuoso y ejecutivo, una luz que brilla cuando se la necesita.
Lo hiciste bien, gracias por todo.